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martes, 10 de julio de 2007

Instrucciones de cómo liarse al hacer un post (con conclusión de ciencia-ficción)

Me encanta esto de internet, los blogs, poder buscar en el momento una idea, o siquiera un esbozo de idea. Estoy, hoy martes, pensando en el post de mañana, pero en un segundo plano, un run-run mental.

Tengo varias ideas: Piltdown (apuntado sabiamente por Dalr), otra historia de la que me he acordado del descubrimiento del Neanderthal, un esbozo que estaba mentalmente preparando de hombres prehistóricos...

Y hoy (martes) he encontrado (supongo que como todos vosotros) un post de Isaac Asimov en Fogonazos. ¡Cómo me gustan sus historias! De los dos, de Aberrón y de Asimov, escritor imaginativo donde los haya y con un lenguaje que ha creado historia en la ciencia-ficción. Habla en un vídeo de ordenadores, de las cosas que podríamos dejar de hacer y que hicieran los ordenadores... Y leo un comentario que tacha a Asimov de simplista y otro que tacha de simplista al que llama simplista a Asimov... y ¡oh, cielos! Lo noto, va abriéndose camino en mi cabeza...

Un post diferente a todo lo anterior pero que lo aúna todo, de algún extraño modo.

Paso número 1. Abro el enlace de la R. A. E. y busco la palabra "robot".

robot.
(Del ingl. robot, y este del checo robota, trabajo, prestación personal).
1. m. Máquina o ingenio electrónico programable, capaz de manipular objetos y realizar operaciones antes reservadas solo a las personas.

Paso número 2. Intento contenerme, pero no puedo. No estoy segura, creo que me engañan los ojos y la mente, pero (me parece que) estoy viendo que en esta pequeña definición hay dos faltas de ortografía; a saber:

robot.
(Del ingl. robot, y éste del checo robota, trabajo, prestación personal).
1. m. Máquina o ingenio electrónico programable, capaz de manipular objetos y realizar operaciones antes reservadas sólo a las personas.

(Nota mental: Someter las correcciones a la supervisión de Norma, no vaya a ser que haya metido la pata, y ella es freakie de letras. En la primera, si es demostrativo, está bien; pero yo lo catalogo más como pronombre. No sé. De la segunda falta, estoy prácticamente segura. Que todo puede pasar.)

Ya es miércoles y no paro de darle vueltas a lo de las faltas de ortografía. Casualmente, estoy oyendo en la radio una entrevista al Secretario de la Real Academia Española, el señor Blecua, y está hablando de faltas ortográficas. Dejo ya el tema que, a lo tonto, llevo horas entre ayer y hoy. Incluso ha sido tema de debate con joker.

Paso número 3: Me voy para la Wikipedia. Allí busco 'robot'. El artículo es extenso, pero lo que estoy buscando es simplemente un apunte, una curiosidad. Lo encuentro.

Paso número 4: Voy abriendo más enlaces, referentes al tema. Lástima no saber checo, el artículo es largo y estará bien. Hay que ponerse a escribir, si quiero postear hoy. Allá va...



La primera vez que se utilizó la palabra 'robot' aplicada a lo que hoy conocemos por tal (un ingenio construido por la mano del hombre, que realiza tareas más o menos complejas, según su función y, en algunos casos, pueden tener el aspecto de un humano), fue en una obra de teatro, escrita por Karel Čapek, aunque la palabra fue inventada por su hermano Josef.

"R. U. R. (Robots Universales Rossum)" trata sobre unos científicos que inventan el robot y le ponen a trabajar en lugar del hombre. Su fin es que el Hombre ya no tenga que trabajar, que pueda disfrutar de su existencia, como en un paraíso, donde la carga del trabajo la llevan máquinas que están conformes con su suerte, porque no tienen sentimientos, ni dolor, ni hambre, ni sueño. Una joven, activista en una organización para "liberar a los robots" llega a la fábrica e intenta hacer ver al dueño que lo que hace es inhumano...

Y hasta aquí puedo leer. Decir que la obra tiene, además de ciencia-ficción, tintes filosóficos, económicos y sindicales. Recomiendo su lectura. Tiene alrededor de 100 páginas.

El autor, Karel Čapek, fue un ciudadano checo nacido en 1890 y muerto en 1938. Es el autor checo más importante del siglo XX y, no me cabe duda, inspirador de muchos escritores de Ciencia-Ficción.

"R. U. R." fue publicada por primera vez en 1920 y estrenada en los escenarios en 1921 en Praga y el 1922 en Nueva York.

Una curiosidad de la biografía de Čapek que he encontrado en la Wikipédia francesa es que en otra obra suya, "La guerra de las salamandras" (1936), se tomó la libertad de ironizar sobre el nacional-socialismo de Hitler. Parece ser que le sentó mal, porque envió a la Gestapo los primeros días de la invasión de Checoslovaquia para que se ocuparan personalmente de él. No tuvieron "suerte", porque había muerto el año anterior, pero apresaron y metieron en un campo de concentración a su hermano, Josef Čapek, que allí murió en 1945.



Fuentes: Wikipedias española y francesa, enlazadas en el texto. Y, también como fuente, todo lo de antes, desde el comentario de Dalr en adelante. Tal vez no esté clara la conexión entre Dalr y la obra de teatro. Si la leéis, tiene su sentido. Espero no haber metido demasiado rollo. Un post no lo termino nunca como lo tengo pensado al principio.


domingo, 29 de abril de 2007

Novecento, la leyenda del pianista en el océano

Principios del siglo XX, el puerto de Boston.


Un niño fue abandonado sobre el piano de cola del salón de baile de primera clase del trasatlántico Virginian. Recién nacido, tenía diez días lo más. No lloraba, estaba callado con los ojos abiertos, en una caja de cartón, con una nota que ponía T. D. Lemone. Hacían esas cosas los inmigrantes, y no por maldad, sino por pura miseria. Pasajeros de tercera clase, inmigrantes europeos en busca de fortuna en América. Fue abandonado en primera clase con la esperanza de que alguna ricachona se apiadaría de él y le daría una vida mejor. Danny Boodman, maquinista del barco, le encontró y lo adoptó, porque para él T. D. significaba Thanks Danny. En el único gesto egoísta que se le conoció, puso su nombre al niño y, para darle señorío, añadió Novecento, por ser encontrado el bebé el año 1900. Danny Boodman T. D. Lemon Novecento vivió y creció en el barco, al margen de registros y normas.


Pasaron ocho años, casi una década, y Danny Boodman sufrió un accidente en el barco y, tras tres días de agonía, murió riendo mientras su hijo Novecento le leía los nombres de los caballos de un periódico. El capitán del barco tomó la decisión de que, en el próximo atraque del Virginian, desembarcarían a Novecento para que se hicieran cargo de él las autoridades portuarias.


Pero el día del atraque no encontraron al niño por ningún lado. La mar ya se sabe que es traicionera y, oh dios, tal vez cayó por la borda. Todos tenían el corazón en un puño. Les dolía la desaparición de Novecento porque se habían acostumbrado a verle corretear por el barco. Y así, semanas después y sin ninguna noticia de él, tuvieron que volver a partir.


Cuando no se veía ya la costa, cuando lo único que alumbraba la noche eran las luces del barco y las estrellas del cielo... se empezó a oír la música de un piano...






Novecento se quedó en el barco. Siguió creciendo, se convirtió en adulto y en pianista. Pero no pianista de música normal de teclas normales, sino en pianista de la música que baila Dios cuando no le ve nadie. Pianista de jazz.


Tim Tooney, trompetista, es contratado para tocar ahí arriba, en el trasatlántico, en la Atlantic Jazz Band. El primer día en alta mar, tropiezan con una tormenta que hace balancearse al barco como si fuera de papel. Tim vaga por los pasillos, porque no quiere morir en su camarote como una rata, pasando más tiempo por el suelo que de pie. Y le encuentra así Novecento, que va vestido de frac, sin moverse un mílimetro en aquella tormenta del infierno.


¿Y qué haces cuando alguien, en mitad de una tormenta, con dos kilómetros de agua bajo tu trasero y a dos segundos del próximo ataque de vómito, te dice "ven"? Haces lo único razonable en ese momento: ir.






Novecento no ha bajado nunca del barco, jamás ha pisado la tierra, pero conoce todos los lugares del mundo, todos los olores del mundo, porque lo ve en los ojos y lo oye en las historias de los pasajeros. Toca para la primera clase, toca para la segunda clase, pero baja también a la tercera clase, donde se hacinan los inmigrantes y toca para ellos y ellos tocan sus instrumentos para él, y le cuentan sus vidas, sus pequeñas historias, sus recuerdos y sus anhelos. Y Novecento sabe cómo es estar en tierra firme, porque lo a visto a través de los ojos de un inmigrante. Y sabe lo que es la esperanza, el amor y el miedo, porque lo ha visto en los ojos de los inmigrantes.






Y todos los que viajan en el barco dicen que Novecento es el mejor pianista del mundo, sin haberlo pisado nunca. Y el mejor pianista de tierra firme, el que dicen que es el inventor del jazz, Jelly Roll Morton, se harta de oír historias sobre un tipo que sólo toca cuando tiene todo el océano bajo su piano y decide embarcarse para un duelo, un duelo de pianistas. El ganador será considerado el mejor del mundo. Y basta ya de historias.


Cuando zarpan y ya no se ven las luces de la costa...






Morton toca un ragtime que suena a las faldas susurrantes de un burdel, donde hasta la del guardarropa es guapa, notas que se deslizan, como un vestido de seda en un cuerpo de mujer.


Novecento no sabe qué es un duelo. ¿Qué más da quién sea el mejor? A él no le importa. Toca una canción que le oyó a un inmigrante, una canción de cuna que no puede sacarse de la cabeza y le emociona hasta las lágrimas.


Jelly Roll se siente defraudado y toca un blues capaz de hacer llorar a un maquinista alemán, las notas contienen toda la tristeza de los negros recogiendo algodón.


A Novecento le ha parecido sublime lo que ha tocado Morton. ¿Qué va a tocar? La misma canción... ¡era tan hermosa!


Jelly Roll más que ir al piano, se abalanza sobre él. Y toca una obra maestra, todo lo que se puede hacer con un piano de ochenta y ocho teclas, a una velocidad endiablada. Juegos de manos, magia de verdad.


Novecento se acerca al piano. Ha descubierto lo que quiere Morton. La gente le abuchea. "Te lo has ganado, pianista de mierda".






De América a Europa, y de nuevo a América, y otra vez hacia Europa, y así una y otra vez. Y, un día, Novecento toma una decisión. En tres días el barco atraca en Nueva York y ese día bajará a tierra firme. ¿Por qué? ¿Qué ha pasado? Nada, sólo quiere bajar...


... y hasta aquí puedo contar.




Motivación: "Novecento. La leyenda del pianista en el océano" de Alessandro Baricco. Editorial Anagrama, Editorial Amaranto. Es una obra de teatro, un monólogo. Pero no como los monólogos de ahora, sino un monólogo teatral de verdad que te transporta a otra dimensión, donde los personajes son uno sólo y mil a la vez. Y, para ilustrar, encontré los vídeos. La película no la he visto, pero está dirigida por Giuseppe Tornatore, que, para mí, es una garantía de maestría. Y puestos a confesar, tampoco he visto la obra teatral. Pero ha sido representada por la compañía Tanttaka Teatroa, por el actor Kike Díaz de Rada, de la que he visto imágenes y te atrapa (actor, texto y obra) desde el primer momento. Sí que he leído el texto, y lo regalo y lo recomiendo a mis amigos. Se ríe y se llora con él. Es simplemente una maravilla. Tal vez el artículo no cuadre con la película, porque me he basado en la obra de teatro. Que lo hayan disfrutado.