Hace mucho, mucho tiempo (os hablo del siglo pasado), la vida era de otra manera. No existía esto del Interné, ni los iPod, ni los emepétreses, ni todas estas zarandajas que ahora nos vuelven la cabeza loca.
Antes, queridos niños, la televisión tenía ¡sólo dos canales!: la Uno y el UHF. Y en aquella época, no había guerra de cadenas. Ponían lo que ponían y, si te gustaba, lo veías, y si no, pues a otra cosa.
Yo era muy joven, y mi hermano y yo intentábamos siempre quedarnos por la noche a ver películas, poniéndonos delante de la tele para tapar los "rombos" que aparecían, un invento para avisar a nuestros padres de que la película era de una indecencia desconocida, si tenía dos rombos, indecencia moderada, si tenía un rombo, o apta para nuestros inocentes ojos, cuando no aparecía ninguno. He de avisaros que nunca nos funcionó la técnica.
Imaginad que, con un rombo, avisaban de que había un beso, aunque fuera de ésos en que juntan solamente los labios, sin lengua, sin sonido, sin jadeo de pasión.
A lo que iba. Pues en aquella época, como no había competencia, ponían unas películas estupendas en blanco y negro, aunque la tele ya era en color. Eran películas que a mí me dejaban ver (un rombo, en casi todos los casos, era algo que podía mi inocencia soportar), con la condición de que esperara a que se durmiera mi hermano, saliera de la habitación sin hacer ruido y no me pillara "in fraganti". Así pude ver decenas de películas. Me encantaban todas y tengo recuerdos imborrables...
Recuerdo aquellos ciclos de Greta Garbo, la Divina, que se retiró con 36 años para que nadie viera su decadencia. Imaginaros que, cuando estrenó su primera película sonora, la publicidad decía: ¡Garbo habla!. Y en su película "Ninotchka", en la que daba una gran carcajada, la frase publicitaria era: ¡Garbo ríe!. Como si fuera una Diosa que se digna a prestar atención a nosotros, los pobres mortales.
La mirada intensa de Clark Gable, al que dicen que le olía el aliento que tiraba para atrás. De joven, uno de los más guapos.
Las piruetas de Fred Astaire y Ginger Rogers, que siempre se rumoreó que se odiaban a muerte y que jamás cruzaban palabra en el set de rodaje.
Los bailes de Gene Kelly, que siempre me pareció un tipo simpático y siempre tuve envidia de poder hacer una escena como la de "Cantando bajo la lluvia", donde la lluvia era calentita para no resfriarse y donde si tumbabas un sofá porque estabas bailando no surgía de repente una madre que te decía que qué coño hacías encima del sofá.
Intentabas atisbar la borrachera contínua que les hizo librarse a Humphrey Bogart y John Huston de la disentería que afectó a todo el equipo en el rodaje de "La Reina de África". Cuentan las malas lenguas que hasta, después de cepillarse los dientes, Humphrey se enjuagaba con whisky.
Tienes grabada la imagen de Marlene Dietrich quitándose la cabeza del disfraz de gorila en "La Venus Rubia", con ese vaivén lento.
Pero siempre una imagen que me intento crear pero que no me llega la imaginación para eso es la siguiente. Cuenta Marilyn Monroe que, en las fiestas privadas, Errol Flynn tocaba el piano con su miembro viril, que tenía una medida más que aceptable. Y yo tengo oído que, no es que sólo tocara el piano con su pene, sino que "tocaba" una canción de verdad, reconocible.
También cuentan que sus amigos y conocidos no le presentaban a sus esposas, por su fama de conquistador y mujeriego. Si yo hubiera vivido en su época, estuviese casada y mi marido no me lo presentara, jamás se lo hubiera perdonado. Hay tentaciones en las que se debería caer, hay miradas se deberían desafiar, hay pecados que se deberían disfrutar.
La fuente ha sido mi pequeña memoria, que puede haberme hecho cambiar algún dato. Algunas anécdotas vienen confirmadas en la Wikipedia. Las fotos provienen algunas de Wikimedia Commons y otras han sido vilmente robadas de otras páginas. De ésta página dedicada al baile he sacado las de Mr. Astaire y Ms. Rogers, y de Mr. Kelly. De ésta otra, la de Mr. Flynn.