lunes, 1 de septiembre de 2008

Celo profesional

1 de septiembre.

Para la mayoría, vuelta de vacaciones.

También para mí. Primer día de trabajo... ¡Qué pereza!

Para empezar con pie, ya veremos si bueno o malo, contaré la historia de Vatel.

François Vatel, nacido el París en 1631. Hijo de un techador suizo, fue pastelero, cocinero, intendente y maître d'hôtel. El oficio lo aprendió desde los 15 años y a los 22 fue contratado como ayudante de cocina en el castillo de Vaux-le-Vicomte, en contrucción, propiedad de Nicolas Fouquet, vizconde de Melun y de Vaux, marqués de Bell-Isle y Superintendente de Finanzas de Luis XIV, el Rey Sol.

Sus grandes dotes para la organización hicieron que, en pocos años, fuera nombrado maître d'hôtel del castillo.

Castillo de Vaux-le-Vicomte

En 1661, Monsieur le Vicomte tuvo la feliz idea de ofrecer un gran banquete a su rey y toda la corte, del que Vatel será el organizador: 3000 personas, 80 mesas de invitados, 30 buffets, vajilla de oro para los invitados más eminentes, de plata para el resto, perdices, faisanes, codornices, el estreno de una obra de Molière, fuegos artificiales... Para esta fiesta, Vatel creó una receta para el postre, la crema Chantilly.

Todo un éxito. Tal fue que Luis XIV, casi en bancarrota, al ver tanta suntuosidad de su Superintendente de Finanzas, aceleró el encarcelamiento de Monsieur le Vicomte (tenía la sospecha de que malversaba los fondos públicos, y, tras la fiesta, pocas dudas le quedaron). Como curiosidad paralela, apunto que el arresto de Monsieur le Vicomte fue hecho por D'Artagnan.

¡Qué mala suerte para Vatel! El castillo cerrado, los muebles vendidos, su jefe en la cárcel... y una oferta de Monsieur Le Roi para trabajar en su nuevo castillo, Versailles. Por si acaso al rey se le ocurre encarcelarlo (no en vano él es el responsable de la organización del festín), se exilia en Inglaterra. Allí encuentra a Gouville, amigo de su antiguo patrón Fouquet. Gouville convence a Luis II de Borbón-Condé que contrate a Vatel.

Así es como Vatel entra en el servicio del castillo de Chantilly, a tiro de piedra de París, propiedad de Luis II de Borbón-Condé, primer príncipe de sangre real conocido como duque de Enghien, que era además Príncipe Condé, duque de Borbón, duque de Montmorency, duque de Châteauroux, duque de Bellegarde, duque de Fronsac, Par de Francia y general francés durante la Guerra de los Treinta Años. Relumbrón a manos llenas.


Vatel tiene el cargo de "Responsable General de la Boca" de Le Grand Condé en el castillo de Chantilly, es decir, es el encargado de la organización, de las compras y del abastecimiento, de todo lo que corresponde a "la boca" del castillo.

En 1671, Monsieur Le Grand Condé tuvo el desprendimiento de dar un esplendoroso banquete en honor del rey, para conmemorar la finalización de las obras de mejora del castillo... y para hacerse perdonar ese pequeño desliz que tuvo cuando quiso derrocar al rey durante su minoría de edad. Cosillas de familia.

Vatel tiene 15 días para prepararlo todo. Es perfeccionista hasta extremos insospechados.

Bien, pues el 23 de abril de 1671 empezó la fiesta, de tres días de duración, con tres grandes banquetes. El primer día, jueves, tras una partida de caza, se sirve la cena en el castillo. Los invitados de honor ocupan 25 mesas. En total, son 3.000 personas. Vatel tiene un gran disgusto, en dos mesas ha faltado asado. La causa es por los "invitados improvisados". Vatel lo toma como una ofensa a su honor, un error irremediable, una mancha en su reputación. Monsieur Le Gran Condé intenta tranquilizarle, todo va bien, al rey no le falta nada, no es tan grave. Vatel le agradece su bondad, pero sabe que ha faltado asado en dos mesas. A la cena se sigue un espectáculo de fuegos artificiales, deslucidos por las nubes. Seis mil francos desperdiciados.

El viernes, 24 de abril, por la mañana temprano se levanta Vatel, esperando el pedido de pescado y marisco. No llega. Viendo cómo se tomaba la falta de asado, que no llegara el pedido desde Boulogne-sur-Mer (a 200 kilómetros) es más de lo que Vatel puede soportar. Sólo ha llegado un proveedor con dos cestas. A su amigo Gouville le dice: "Señor, no sobreviviré a esta afrenta, tengo honor y reputación que perder."

Sube a su habitación, sujeta su espada con la puerta y se atraviesa tres veces el pecho. Muere. Ya no oye el ruido de gente. Uno de sus ayudantes le busca para avisarle de que ha llegado todo el pedido, a tiempo para el banquete, que fue todo un éxito.


Fuentes: Wikipédia francesa, Wikipedia española y un extracto de una carta de la Marquesa de Sévigné a su hija madame de Grigan, donde le cuenta el incidente.

En el año 2000 se realizó la película Vatel, una coproducción de Francia, Gran Bretaña y Bélgica, dirigida por Roland Joffé y protagonizada por Gérard Depardieu.

No os toméis el trabajo tan en serio.


12 comentarios:

Blackjoker dijo...

Por eso me alegro de no poderme llevar el trabajo a casa. ;-D ...
Pero si el cambio climático hace llegar el mar a mi puerta... Oh no! CFC's no! Salvad a las ballenas! Lo que sea con tal de no encontrarme el barco en el balcón de mi alcoba!!!

Gato Negro dijo...

Este Vatel era un pobre desgraciado, la lió parda con la crema Chantilly y luego al ver la que se le venía encima se quitó de enmedio...

Si fuese obligatorio hacerse el hara-kiri cada vez que un trabajador/mando intermedio/jefazo la caga, no quedaría nadie para cotizar a la Seguridad Social.

Salu2

susana dijo...

vaya tela que pena de hombre, acabo de postear, por ahora mi ultimo post, pero seguiré dándote el coñazo por aquí de vez en cuando, besitos polluela.

Mad Hatter dijo...

¡Jopé! Menudo tostoncillo histórico para la vuelta de vacaciones y el primer día de curro ¡Ay Bloggesa! No me hagas leer tanto ¡Leñe!

Bloggesa dijo...

Blackjoker, XDDDD, el trabajo que va a buscarte a casa. Bueno, mira el lado positivo, así de la cama a la barca. Llegas en un pispás. Un abrazo, capitán.

Gato Negro, jeje, es verdad. No existiría ni la Seguridad Social.
¿La lió parda? Hombre, no creo que la crema sea tóxica. XDDD
Recuerda que hasta los gatos negros, de noche, se vuelven pardos. Un beso.

Susana, aquí estamos con los brazos abiertos. Este blog no sería lo mismo sin ti, ya lo sabes. Un abrazo grande.

Mad Hatter, ¿tostoncillo histórico? Si encima te he puesto fotos de un bonito parque con castillo al fondo y un bonito lago con castillo al fondo. Todo muy bucólico.
¿Hoy martes es tu primer día de curro? Los hay con suerte... ¡Quejica! ;D

cronopio dijo...

Si algunos camareros de este país tuvieran una centésima parte del celo que tenía Vatel, no sería tan desagradable ir por ahi a cenar o a tomar una copa.
(O será que empiezo a ser invisible?)

Saludos.

Bloggesa dijo...

Cronopio, o que el trabajo de cararero afecta a la vista.
De todas maneras, comprueba que no te estás convirtiendo en un mutante de los X-Men. Molaría mucho más.
¿Te pasa con la ropa puesta? Recuerda que el de la novela de H. G. Wells tenía que ir en bolas, y ahora que va a empezar el otoño, es muy poco recomendable.

Gato Negro dijo...

Jeje, la crema Chatilly no sería tóxica, es cierto, pero entre eso, las vajillas de oro y plata y demás lujos, a Monsieur le Vicomte se le vio el plumero cual Julián Muñoz a kilómetros. Vamos que la liaron parda entre él y Vatel y fue la perdición de ambos.

Y sí, de noche todos los gatos somos pardos, y la liamos cuando podemos. Besos.

Norma dijo...

Jajajaj,, oído, cocina!!

Si la cago, no pienso suicidarme a base de golpes de libro en la cabeza

Veo que vuelves en plena forma!! Me alegro :)

Muaks!

Bloggesa dijo...

Gato Negro, la verdad es que se sobraron mucho con tanto brillo.
Jeje, yo también me vuelvo a veces Gataparda... Un beso.

Norma, ya me tenía que poner las pilas, que llevo unos meses de vagancia acusada y cumpliendo los servicios mínimos.
Tampoco te comas las páginas, por si sucede como en "El nombre de la rosa".
Más besos.

cronopio dijo...

Sra Bloggesa: No creo que sea problema de invisibilidad, sino de indiferencia y desprecio por parte de ciertos camareros.
Me considero persona muy modesta, aún así mantengo cierta dignidad que continuamente intentan derribar esos profesionales de la hostelería.
Comprenda que salir a tomar algo se convierta para mí en motivo de tristeza y desaliento.

Saludos.

Bloggesa dijo...

Sr. Cronopio, ¿indiferencia y desprecio? Entonces, esos profesionales de la hostelería no serán tan profesionales, al perder tan absurdamente un cliente.
No se entristezca, y aún menos se desaliente. También los trabajos cargados de horas por un salario ridículo ha hecho mucho mal.
Le agradecería que me apeara el Sra. Ya sé que el Srta está proscrito del lenguaje formal, pero es que el sra. me suena demasiado rotundo.

Un abrazo.