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miércoles, 9 de abril de 2008

Las mujeres que pudieron reinar

La historia del Antiguo Egipto abarca más de 3000 años, que comenzaría aproximadamente en el 3050 a. C. con la unificación del Alto y Bajo Egipto por parte de Narmer (o Menes), el primer faraón.

Previamente, habían existido también faraones, pero sólo en el Alto Egipto, por lo que frecuentemente esta dinastía, llamada Dinastía 0, no se cuenta en la cronología. El Antiguo Egipto concluiría en el 31 a. C. con la conquista por parte del Imperio Romano, que marca el fin del desarrollo independiente de su cultura.

Hubo cientos de faraones, algunos muy conocidos. De otros, sólo se tiene un fragmento del nombre. Entre todos ellos, existen mujeres. Pocas, muy pocas. Pero algunas hay.

En principio, el papel de la esposa del faraón era dar la legitimidad el varón para subir al trono. Nunca jamás subió un faraón al trono que no estuviera casado y todas las esposas de faraón siempre fueron de sangre real. La esposa del faraón era la representante de la Diosa Madre Isis.

La diosa Isis. Pintura mural entre 1380 y 1335 a. C. Museo de Karnak. Imagen de Wikimedia Commons.La diosa Isis. Pintura mural entre 1380 y 1335 a. C. Museo de Karnak. Imagen de Wikimedia Commons.

Las reinas-faraón que existieron fueron siempre en circunstancias especiales: no había un sucesor varón del difunto faraón, el que había no cumplía los requisitos (ser, por ejemplo, demasiado pequeño) o su origen podría estar cuestionado. También, si no existía una posible esposa para el futuro faraón, éste se veía desligitimado para acceder al trono, por mucha sangre real que tuviese. En estos casos, la opción era que la viuda del faraón fallecido gobernara Egipto.

La mayoría de reinas-faraón fueron las últimas de su dinastía correspondiente, como una solución de emergencia a la situación desesperada de no haber varones.

La primera reina-faraón de la que se tiene noticia es Nitocris (2193 a 2191 a. C.), el último gobernante de la VI Dinastía. Hay dudas con respecto a su existencia, porque no hay documentos de la época que la mencionen. En el Canon Real de Turín (un papiro que data de la época de Ramses II y que tiene tiene escrita la lista de los faraones, dioses y semidioses que reinaron en Egipto desde el principio de los tiempos hasta Ramses II) ese fragmento con el nombre se perdió y parece que se puso una transcripción defectuosa del nombre de un faraón varón. Sí existe una posterior leyenda que recoge Herodoto con respecto a Nitocris. Ascendió al trono porque su hermano y marido había sido asesinado. Ella invitó a los asesinos a un banquete, hizo desviar el agua del Nilo para ahogarlos y posteriormente se suicidó. De existir realmente, sería la primera mujer conocida que reinó en alguna parte del mundo.

La primera reina-faraón documentada sin ningún género de dudas el Neferusobek (1798 a 1794 a. C.), último faraón de la XII Dinastía. Era hija de Amenemhat III y hermana de Amenemhat IV. También existe la posibilidad de que fuera hija de Amenemhat IV. El caso es que reinó porque el anterior faraón murió y no había varones. Tanto los 4 años de reinado de Neferusobek como su sucesión, fueron pacíficos, a pesar de la inestabilidad del país.

La segunda reina-faraón documentada fue Hatshepsut (1479 a 1457 a. C.) de la Dinastía XVIII. Hija de Tutmosis I y de la esposa real Ahmose. Fue la única de entre sus hermanos que llegó a la edad adulta y su padre parece que la designó como heredera. Pero las intrigas palaciegas hicieron que el visir Ineni sentara en el trono a Tutmosis II, hijo de Tutmosis I y de una concubina. Para validar el ascenso al trono de Tutmosis II, Hatshepsut tuvo que casarse con su hermanastro. A la muerte de éste, no había herederos reales varones, porque Hatshepsut había dado a luz a dos niñas. Ineni consiguió otra vez que fuera nombrado faraón Tutmosis III, hijo de Tutmosis II y de una concubina. Al ser el nuevo faraón muy pequeño y, por tanto, no estar casado, Hatshepsut asumió la regencia. Cuando tuvo todo bien atado, fue el momento para proclamarse Faraón de las Dos Tierras y Primogénita de Amón, haciéndose corregente con su sobrino, que, para el caso, pintaba bien poquito. Reinó durante 22 años y fue un período muy estable y pacífico. Planeó hacer una dinastía exclusivamente femenina, pero su deseo se vió truncado cuando murió su hija Neferura. Tiempo antes, habían muerto también sus apoyos en la corte. Paulatinamente, fue dejando el poder, en favor de su sobrino Tutmosis III. Cuando murió, Tutmosis se encargó de borrar su nombre y obviar su reinado. Hace poco, en el año 2007, se logró por fin identificar la momia del faraón Hatshepsut, que se considera el hallazgo más importante desde la momia de Tutankamón.

Escultura de Hatshepsut, encontrada en Deir el-Bahri. Museo de Arte Metropolitano, Nueva York. Imagen de Wikimedia Commons.Escultura de Hatshepsut, encontrada en Deir el-Bahri. Museo de Arte Metropolitano, Nueva York. Imagen de Wikimedia Commons.

La posible siguiente cronológicamente es Nefertiti (1340 a. C), que, al parecer, fue corregente con Akenatón con el nombre de Anjetjeperura-Neferneferuatón. Sobre este posible correinado se sabe muy poco, los datos son muy escasos. Entre la muerte de Akenatón y el reinado de Tutankamón (1336 a 1327 a. C.) hubo un faraón que reinó unos meses, llamado Semenejkara. Se especula con la posibilidad de que Nefertiti cambiara de nombre y fuera ella misma. Pero nada se sabe a ciencia cierta porque fue una época muy revuelta y porque se borraron los archivos de la época, al ser la memoria de todos ellos perseguida. Lo que sí se ha encontrado son representaciones de Nefertiti con atributos reales, lo que hace pensar que en algún momento fue asociada al trono. También perteneció a la XVIII Dinastía.

Busto de la reina Nefertiti encontrado en el taller del escultor Thutmose en Amarna. Dinastía XVIII. Imagen de Wikimedia Commons.Busto de la reina Nefertiti encontrado en el taller del escultor Thutmose en Amarna. Dinastía XVIII. Imagen de Wikimedia Commons.

La última reina faraón (tercera de las autentificadas o quinta si consideramos a Nitocris y Nefertiti) fue Tausert (1188 a 1186 a. C.) de la XIX Dinastía. Al morir su marido Sethy II, asumió la regencia del rey-niño Siptah. Quiso compararse con Hatshepsut, a pesar de que ella, Tausert, no era de sangre real. Al morir Siptah (era un niño enfermizo y débil), se coronó faraón. Su reinado, 6 años de regente y 2 años en solitario, fue considerado años vacíos, marcados por luchas de poder de los sacerdotes de Amón, de los virreyes de Nubia y la presión de la familia real para derrocar a Tausert.

Hubo otras posibles reinas-faraón, aunque hay pocos datos debido a que pertenecen a las primeras dinastías, de las que nos separan más de 5.000 años. La primera sería Merytneith, en la I Dinastía. Se descubrió su momia en una tumba importante, enterrada con altos honores. Se supone que fue regente durante la minoría de edad de su hijo Horus Den. Lo que se especula es que tal vez fuera investida durante la regencia de los atributos propios de faraón, que luego cedió a su hijo sin problemas o si sólo fue regente y asesora de su hijo y él le construyó una tumba importante por sus desvelos. Existen otras dos mujeres, Jentkaus I y Jentkaus II, de las no se sabe a ciencia cierta si fueron o no faraones. En las traducciones sobre sus méritos (las dos están en el mismo caso) constan las leyendas: Jentkaus, Rey del Alto y Bajo Egipto, y madre del Rey del Alto y Bajo Egipto. Según algunos expertos esto no es más que una mala interpretación y que realmente quiere decir Jentkaus, madre del Rey del Alto y Bajo Egipto y madre del Rey del Alto y Bajo Egipto, indicando que dos hijos suyos llegaron a ser faraones.

Seguramente os estaréis preguntando por la famosa Cleopatra. La última dinastía de faraones egipcios fue la Dinastía Ptolemaica. En este caso, las reinas eran corregentes del trono, gobernando con sus maridos y, en los pocos casos en que alguna reinaba sola, era en una situación de debilidad y no aceptadas por el pueblo. Los Ptolomeos aceptaban las costumbres egipcias, pero en su comportamiento eran griegos. Y las reinas, más que un poder efectivo, sólo querían conservar el trono, urdiendo intrigas palaciegas. Cleopatra VII nunca fue reina nominal de Egipto, porque los reyes fueron sus hermanos Ptolomeo XIII (murió ahogado huyendo del César) y Ptolomeo XIV (probablemente murió envenenado por Cleopatra). También reinó con su hijo Ptolomeo XV Cesarión (asesinado por Octavio que deseaba el título de faraón). Durante el reinado de Cleopatra, tuvo un breve ascenso al trono su hermana Arsínoe, que quería echar a los romanos de Egipto. Fue depuesta, traicionada en su huida y asesinada por Marco Antonio. En el final de la época Ptolemaica, muy pocos murieron de muerte natural.

Cleopatra VII. Siglo I a. C. Museo de Berlín. Imagen de Wikimedia Commons.Cleopatra VII. Siglo I a. C. Museo de Berlín. Imagen de Wikimedia Commons.


Por si os apetece investigar sobre los faraones y las diferentes dinastías, os dejo estos dos enlaces de la Wikipedia: la lista de los faraones y la cronología de las dinastías. Las fechas de reinados que pongo en el post son meramente orientativas, porque varían según el egiptólogo que escojamos.

Se me olvidaba. Este post está dedicado a Mad Hatter, que me preguntó en el post anterior por Cleopatra.


martes, 8 de abril de 2008

El poder del nombre

En la antigua cultura egipcia, eran varios los elementos que componían al ser humano: Dyet (el cuerpo como soporte físico tangible), Ib (el corazón, la sede de los pensamientos y emociones), Ka (sería la "chispa divina", un trocito del principio universal), Ba (concepto parecido al alma de cada individuo, con su propia personalidad), Ren (el nombre), Sheut (la sombra, indivisible de la existencia del individuo, porque cualquier cosa que existe tiene sombra). Las personas importantes también podían tener Aj (realización máxima como persona) y Sejem (manifestación de la voluntad y fuerza divinas). Tal vez no lo estoy explicando muy bien, así que os ruego que, si tenéis dudas, consultéis el enlace de elementos del ser humano (antiguo Egipto). Hoy me voy a detener en una de esas partes intangibles del ser.

Ren era el nombre de una persona, el que se le daba al nacer y que, posteriormente, se ampliaba y transformaba según los títulos que obtuviera. Pero iba más allá que un simple nombre. El Ren era un componente espiritual del ser humano. Escribir y pronunciar el Ren de alguien era perpetuarlo en la memoria, hacerlo vivir. Era muy importante para los egipcios que su nombre no cayera en el olvido. Por eso, los faraones mandaban construir edificios donde hacían tallar su nombre en la piedra, para ser recordados eternamente y no "morir" en el Inframundo.

Por eso, uno de los castigos más crueles y que aterrorizaba a cualquier egipcio era que su nombre fuera borrado y que estuviera prohibido decirlo, porque era desaparecer en el mundo y en el inframundo.

No sé si hubo muchas personas que, al morir, tuvieron este castigo. Sí sé de algunos faraones que lo "sufrieron", aunque con poco éxito, claro, porque sus nombres han llegado hasta nuestros días. Uno de ellos fue Akenatón. Accedió al trono con el nombre de Amenhotep (Amón está satisfecho), pero a los pocos años emprendió una reforma religiosa sin precedentes: eliminó el culto a cualquier dios que no fuera el dios solar Atón, creando una religión monoteísta, algo muy alejado de la concepción egipcia de la religión. Las motivaciones pudieron ser religiosas y también económicas. Los sacerdotes de Amón tenían tierras y rentas que les hacían hombres muy poderosos e influyentes, socavando posiblemente la autoridad del faraón. Akenatón, al eliminar el culto a Amón (incluso intentó borrar el nombre del dios y de su esposa Mut de cualquier sitio donde estuviera escrito), se apropiaba de las tierras y de las rentas. Con este dinero, empezó a construir en el desierto una nueva capital para su reino, Ajetatón, intentando trasladar a la alta sociedad egipcia hacia una ciudad en medio del desierto, con templos con grandes patios abiertos para adorar a Atón, al disco solar.

Detalle de una estatua de Ajenatón. Museo de El Cairo. Imagen de Wikimedia Commons.Detalle de una estatua de Ajenatón. Museo de El Cairo. Imagen de Wikimedia Commons.

Tras la muerte de Akenatón, le sucedió Semenejkara, faraón arqueológicamente esquivo que no se sabe aún si fue hombre o mujer, que reinó como mucho un año. El siguiente faraón fue Tutankatón, que luego cambiaría su nombre a Tutankamón, cuando restauró el culto a Amón. Tras la muerte prematura de éste, ascendió al trono su visir Ay, un anciano sin hijos que reinó 4 años y al que sucedió Horemheb, el último faraón de la XVIII dinastía. En la época de Ramsés II, se borraron los nombres (Ren) de Ajenatón, Semenejkara, Tutankamón y Ay de cualquier documento, monumento, estela u objeto donde estuvieran, los cuatro faraones que tuvieron algo que ver con el culto monoteísta a Atón. Esos años de reinados se añadieron al reinado de Horemheb, haciéndole sucesor de Amenhotep III, que fue en realidad sucedido por su hijo Akenatón.

Otro faraón condenado al olvido eterno fue Hatshepsut, una de las pocas reinas-faraón, de la que ya hice un artículo contando su historia.


Fuentes: la Wikipedia, enlazada en el texto. Pero ¿quién no conoce un poco la historia de Akenatón y, sobre todo, de Tutankamón, la momia más famosa del mundo entero? Quien intentó hacer que se les olvidara, no hizo muy buen trabajo.


martes, 1 de abril de 2008

Inquieto como forma de vida (y de muerte)

Decir que Alejandro Magno fue el personaje más grande de su época es algo conocido por todos. Su vida da para novelas y películas, para especulaciones y para estudios históricos. Sus hazañas fueron inalcanzables para otra persona que no fuera él.

Fue hijo del rey de Macedonia, Filipo II. Fue alumno aventajado de Aristóteles. Sucedió a su padre cuando tenía 20 años, tras el asesinato de éste. Destruyó Tebas para consolidar su ascensión al trono. Y, una vez tranquilas las aguas en Grecia, se lanzó a su sueño de conquistar el Imperio Persa.

Busto de Alejandro conocido como Azara Herm. Copia romana en mármol de un original de Lisipo, de c. 330 a. C. (Museo del Louvre). Según Plutarco, las esculturas de Lisipo le representaban fielmente. Imagen de Wikimedia Commons.Busto de Alejandro conocido como Azara Herm. Copia romana en mármol de un original de Lisipo, de c. 330 a. C. (Museo del Louvre). Según Plutarco, las esculturas de Lisipo le representaban fielmente. Imagen de Wikimedia Commons.

El primer tanteo fue defender a las ciudades griegas libres de Asia Menor del yugo persa. Bueno, algunas ciudades sí que estaban siendo oprimidas, pero otras estaban asociadas a los persas, no les hacía falta que nadie les defendiera. El caso es que, cuando llegaron Alejandro y su ejército y empezaron a ganar batallas, todas las ciudades griegas en Asia reconocieron como rey a Alejandro, porque así lo creían y necesitaban, unas, o porque así les convenía, otras.

Ese invierno del año 334 a. C. sucedió un hecho importante. Para pasar la estación fría se quedaron en Gordión, donde se hallaba, tal vez, uno de los objetivos de Alejandro.

Contaban los antiguos de la época que Gordias era un campesino frigio, que acertó a pasar a la ciudad en su carro con un cuervo (o águila) posado en él, lo que, según el oráculo, lo convertía en rey de Frigia. Y así fue, Gordias se convirtió en rey y el carro sobre el que iba fue llevado a la acrópolis de la ciudad, con un nudo complicadísimo en el yugo donde se ataban a los bueyes que se llamó nudo gordiano y que decía la leyenda que quien lo desatara conquistaría Asia.

Y allí tenemos a Alejandro que quiere conquistar Asia. Y una pequeña prueba que puede confirmar su ansia. Pero creerse un dios no te convierte en él y no pudo desatarlo por las buenas. Así es que, como sabréis, sacó la espada y lo cortó. Esa noche hubo una tormenta. Según Alejandro, era Zeus que daba la bendición a su acción.

Antes decía que esto era un hecho importante y no es por las leyendas ni los augurios, sino por algo que leí alguna vez. El nudo era una prueba de habilidad, que seguramente requiriera paciencia y astucia. Alejandro lo cortó, anteponiendo la fuerza de la espada a la razón. Y se justificó diciendo que "es lo mismo cortarlo que desatarlo". En resumen, que una profecía no le iba a chafar a él la conquista de Asia.

Imperio de Alejandro Magno. Las flechas indican el recorrido de Alejandro y su ejército (click para ampliar). Imagen de Wikimedia CommonsImperio de Alejandro Magno. Las flechas indican el recorrido de Alejandro y su ejército (click para ampliar). Imagen de Wikimedia Commons.

Y no se la chafó, ni Asia ni cualquier otro lugar que se propuso. Fue, como sabemos, rey de Macedonia, Gran Rey de Media y Persia y Faraón de Egipto. Llegó al límite del mundo conocido y fue más allá, llegando al valle del Indo y viendo las cumbres nevadas del Himalaya. Desde luego, fue un largo camino manchado de sangre, fortuna y gloria.

Alejandro orando ante Amón-Ra. Templo de Luxor. Imagen de Wikimedia Commons.Alejandro orando ante Amón-Ra. Templo de Luxor. Imagen de Wikimedia Commons.

La muerte de Alejandro, 22 días antes de cumplir 33 años, es un pequeño misterio. La teoría comúnmente aceptada de la época es que fue envenenado en la fiesta que le ofreció su amigo Medio. Pero, a la luz de los escritos y de lo que ellos se infiere, es una causa poco probable.

El mes anterior a su muerte, estuvo en unos pantanos al oeste de Babilonia, donde había mosquitos que pudieron inocularle la malaria. También se habla de que pudo tener la fiebre del Nilo, que, en los casos más graves, puede derivar en encefalitis y meningitis y, luego, la muerte. El hecho es que, antes de acudir a la fiesta, ya se sentía indispuesto. Además, consumió grandes cantidades de alcohol, que pudieron debilitar más su organismo. Se desmayó con dolores punzantes en la columna vertebral y las articulaciones. En la semana siguiente, tenía fiebre por las noches, que remitía al llegar el día, permitiéndole seguir preparando la siguiente expedición: bordear la península arábiga. Pero la fiebre se agravó y le atacó también de día. El 10 de junio se declaró su muerte oficial, pero el cadáver se mantenía "fresco" y con apariencia de vida, sin iniciar la descomposición natural, a pesar del calor, con lo que se piensa que estuvo varios días en coma terminal.

Si inquieto había sido en vida, en la muerte no se iba a desdecir de su naturaleza. Su deseo era ser enterrado en Egipto, en Alejandría, la ciudad que había fundado. Pero uno de sus capitanes, Pérdicas, y su madre Olimpia deseaban que fuera a Macedonia. Al final, otro de sus capitanes, Ptolomeo, lo llevó efectivamente a Egipto. En Macedonia, una tradición era que el gobernante enterrara al anterior gobernante, justificando y reafirmando su ascensión al poder. Ptolomeo, llevándose el cadáver a Menfis, aseguraba para sí el territorio egipcio y evitaba para Pérdicas el golpe de mano de casarse con la hermana de Alejandro y llevar el cadáver a Macedonia. Casarse Pérdicas, se casó, pero sin cadáver.

Sólo quedaba el hecho de buscar un sitio donde poner a Alejandro, que no había sido precisamente un cualquiera. Había una tumba vacía, la del anterior Faraón a Alejandro, Nectabeo II, que huyó cuando Egipto fue conquistado por los persas. Allí que lo pusieron, en el Serapeo de Saqqara, la necrópolis subterránea de Menfis.

Años después, el hijo de Ptolomeo, Ptolomeo II, se llevó el sarcófago donde descansaba Alejandro a la nueva capital, Alejandría, donde había mandado construir una suntuosa tumba alejandrina.

Ptolomeo IV, nieto de Ptolomeo II, construyó posteriormente un gran mausoleo en el centro de Alejandría, se que convirtió en un verdadero santuario donde se adoraba a Alejandro como un dios.

Parece ser que el ataúd donde estaba Alejandro era de oro macizo y, un par de siglos más tarde de llegar Alejandro a Alejandría, Ptolomeo XI, viéndose corto de dinero para pagar a la tropa, fundió el ataúd y le hizo uno de vidrio.

Julio César (año 48 a. C.) visitó la tumba de Alejandro. César Augusto (año 30 a. C.) también lo "visitó". Hizo que abrieran todo y sacaran la momia para coronarle de flores. Y, de paso, le rompió la nariz. Varios fueron los emperadores romanos que vieron la tumba de Alejandro. En el año 215 d. C. el emperador Marco Aurelio Antonino Basiano, apodado Caracalla, dejó su anillo y su cinturón como ofrenda. Y ésta es la última visita nombrada que tuvo.

A partir de la mitad del siglo III, se sucedieron la caída del Imperio romano, terremotos, conquistas y destrucciones varias de la ciudad. No se sabe con seguridad ni cuándo ni la causa exacta de la destrucción del mausoleo, o si lo fue en todo o en parte, o si estaba siquiera ya Alejandro allí o lo habían sacado antes. Con la prohibición de Teodosio del culto a dioses paganos, se acabó de arrasar el santuario. En el siglo V, el paradero de los restos de Alejandro no lo conocía nadie.

Busto de Alejandro Magno, siglos II-I a. C., proveniente de Alejandría. Museo Británico. Imagen de Wikimedia Commons.Busto de Alejandro Magno, siglos II-I a. C., proveniente de Alejandría. Museo Británico. Imagen de Wikimedia Commons.

Cuando Napoleón llegó a Alejandría, visitó una mezquita que decía albergar el sarcófago de Alejandro. Al ser vencido Napoleón por los ingleses, éstos se apropiaron del sarcófago y lo llevaron a Londres, descifrando las inscripciones y concluyendo que pertenecía a Nectabeo II. En aquel momento, esto lo desligaba de Alejandro. Pero hoy en día se concluye que sí fue el alojamiento temporal de los restos de Alejandro, antes de desaparecer por completo de la historia.

Juntemos los datos:
  • Nectabeo II no murió en Egipto, por su huida del país al ser invadido por los persas.
  • En Menfis, capital de Egipto, dejó su tumba construida.
  • Los restos de Alejandro, llevados por Ptolomeo a Menfis años más tarde, se pusieron en un sarcófago vacío, presumiblemente el de Nectabeo. Le correspondía a Alejandro una tumba de Faraón, no lo pondrían en cualquier nicho.
  • Se traslada el sarcófago a Alejandría, la nueva capital de Egipto. Allí permanece durante siglos, desde el 282 a. C. hasta el 215 d. C. al menos. A finales del siglo IV, se sabe que la momia estaba expuesta, fuera del sarcófago; así se lo escribió Libanio de Antioquía al emperador Teodosio. Al poco tiempo, Teodosio prohibe el culto pagano.
  • Se le pierde la pista al sarcófago y a los restos. Al haberse sacado la momia del sarcófago, tal vez se perdieron por separado.
  • Siglos más tarde, aparece el sarcófago pero no los restos. ¿Dónde está Alejandro?

Concretamente, no se sabe. Tal vez lo ocultaron y se perdió ya para la historia.

Pero... (siempre hay un pero, y éste pero es muy bueno).

Se tiene noticia de un cuerpo que provenía de Alejandría, del siglo IV. Un cuerpo momificado que podría corresponder a San Marcos el Evangelista, sino fuera porque fue quemado y no había restos para momificar. Un documento apócrifo, el único que lo afirma, dice que antes de ser el Evangelista consumido por las llamas, una tormenta milagrosa asustó a los paganos que le estaban quemando y permitió a los cristianos salvar el cuerpo. Por otro lado, hay varios escritores cristianos de la época que afirman que San Marcos se quemó y ya está.

Esa momia, sacada de Alejandría a finales del siglo IV, está, desde entonces, en una cripta, bajo una iglesia construida para albergar expresamente esos restos...

La Basílica de San Marcos en Venecia.


Hay un artículo muy majo, La Tumba de Alejandro Magno, en la Wikipedia. El resto de enlaces, están en el artículo.


miércoles, 14 de noviembre de 2007

Que tu corazón sea más ligero que una pluma

No sé cuánto tiempo llevo vagando en este oscuro lugar. Me parecen días, pero aquí siempre es de noche. No se oyen nada más que nuestras pisadas en la roca dura. Camino tras Anubis, el Señor de la Ciudad de los Muertos, con sus ojos que refulgen en la oscuridad. Sólo los he visto un momento, pero me han helado la sangre. ¡Qué tontería acabo de pensar! ¡No tengo sangre!

Lo que sí tengo es miedo. Mi guía no se vuelve ni una sola vez, porque sabe que le sigo, no teme que me escape. Aquí, a mí solo me esperaría la muerte (otra vez), con monstruos malignos que acechan en la oscuridad que huya, para devorarme. Los oigo cuando pasamos al lado de otra galería. Respiran con fuerza, para que no me olvide de ellos. Se esconden en la oscuridad, no se atreven a mostrarse ante nosotros, ante Anubis, que gruñe y les hace esconderse un poco más, tan sólo un paso hacia atrás, esperando a que, horrorizado, corra yo como un loco, dejando la seguridad que me ofrece mi guía.

Andamos y andamos, al encuentro de mi último juicio.

Al fondo hay luz. Anubis se detiene de pronto y me hace ademán de que pase por delante de él. Ahora puedo ver bien su cabeza de chacal, negra como esta eterna noche, vigilándome con fiereza. Me he quedado clavado al suelo, no puedo avanzar, estoy hipnotizado por esa mirada atroz. Abre la boca, ¡el hocico con esos inmensos colmillos! y gruñe. Ahora sí, me muevo.


Estoy en un lugar donde la galería se ensancha. Hay antorchas que iluminan el entorno, pero no el techo que se pierde en las alturas. Hace frío. Estoy en el Duat. He llegado.

Voy al centro de la estancia, donde hay varias figuras que se dibujan a la luz del fuego de las antorchas. Siento como Anubis camina detrás de mí. Las figuras llevan cetros y coronas y rodean una inmensa balanza. No quiero apartar mis ojos de ella, porque sé quienes la rodean, y me dan pavor. Siempre pensé que tendría curiosidad por ver cara a cara a aquellos que veneramos. Pero no quiero ver a Osiris, el primer resurrecto, el que preside el tribunal que ha de juzgarme. Pero llego al lado de la balanza y me mira. Sus ojos oscuros parecen no tener pupila, todo el ojo parece negro. Y su piel... su piel descompuesta, agrietada, verdosa, repulsiva.


De repente, las manos de Anubis que se dirigen hacia mí, ¡mete las manos en mi cuerpo y las saca con mi Ib, con mi corazón! No siendo dolor, no sale sangre, no veo marca alguna en mi pecho. Anubis posa mi Ib en un platillo de la balanza. Hecho esto, todo el mundo mira ahora hacia arriba. De la oscuridad del techo, está bajando una Pluma grande. Es el símbolo de Maat, la diosa de la Verdad, de la Justicia y de la Armonía cósmica. La Pluma se posa en el otro platillo suavemente.


Ahora, el jurado empieza a preguntarme sobre mi vida, mis actos, lo bueno y lo malo que he podido hacer. A cada contestación, sólo puedo decir la Verdad. Si mintiera, no sé qué podría suceder, no me atrevo. En un rincón, está Horus, el escriba de los dioses, anotando cada palabra que se pronuncia. Si titubeo, levanta primero la mano, dejándola suspendida a mitad de escritura. Luego, levanta su cabeza, despacio, y noto como escudriña mis ojos con sus ojos de ibis, buscando algún atisbo de falsedad.


“No he cometido iniquidad respecto de los hombres; no he matado a ninguno de mis parientes; no he mentido en lugar de decir la verdad; no tengo conciencia de ninguna traición; no he hecho mal alguno; a nadie he causado sufrimiento: no he sustraído las ofrendas a los dioses...”

La balanza se va equilibrando. Mi Ib empieza a ser ligero y la Pluma de Maat pesada. Sé que tengo un Ib bueno, siempre intenté ayudar a mis vecinos, a mis parientes, a desconocidos. He sido un buen esposo y padre, aunque nunca se puede tener la certeza absoluta. ¿Dañé sin querer a alguien? ¿Cómo saberlo?


Ya no oigo preguntas, el interrogatorio ha concluido. Los jueces han tapado con sus cuerpos la balanza y no sé si mi Ib era más ligero que la pluma, no me ha dado tiempo a fijarme. ¿Cuál será el veredicto de estos dioses? A algunos los conozco, los he venerado y adorado, les he hecho ofrendas y les he solicitado cosas. Pero sus estatuas son más amables que la verdadera apariencia. A la mayoría de los jueces no los conozco; son dioses ancestrales que hace siglos que olvidamos, tienen rostros feroces y salvajes.

No me salvaré. Mi nombre no será perpetuado y desapareceré para la eternidad. Moriré, de nuevo, en las fauces de Ammit, el devorador de los muertos, nacido con cabeza de cocodrilo, cuerpo y brazos de león y piernas de hipopótamo, la bestia del Inframundo.


Los 42 dioses-jueces han terminado. El veredicto está decidido. Me miran con ojos sin expresión, haciendo más larga la espera, haciendo más pesado el silencio. ¿Es que no me van a decir nada?

Van pasando uno a uno a mi lado y se van por la galería por la que he llegado. Me rozan con sus túnicas, me miran, ¡pero no me hablan! ¿¡Cuál es el veredicto!? Voy a volverme loco. No veo bien la balanza. ¡Ahora! ¡Ahora la veo! ¡Está en equilibrio! ¡No, no lo está! Mi corazón es... ¡más ligero que la Pluma! ¡Viviré para la eternidad!

Ahora, podré reunirme con mi momia y mi nombre será recordado, no desapareceré, no seré devorado. Me noto ligero. Anubis me está mirando y hace un gesto con la mano...

... ¿Dónde estoy? ¡Ah, sí! Estoy en mi cámara funeraria. Aquí están las vasijas con agua y alimentos. Al fondo, tal como yo los coloqué, deben estar mis juguetes de niño. También veo mis estatuas, dos perfectas estatuas, para cobijar mi Ba si mi momia se corrompe y no puedo alojarme en él. Aquí, al lado, está la momia de mi gato, para que me haga compañía. Tengo alimentos, tengo mis juguetes, tengo la tranquilidad de saberme un hombre con justa voz. Y aquí estaré... para la eternidad.





Fuentes: Buscando información para la diosa Maat (la Justicia y el Equilibrio del que dependía la supervivencia de Egipto, porque según el comportamiento del faraón, la diosa hacía que la crecida del Nilo fuera adecuada o no), se me ocurrió hacer una recreación del "Juicio de Osiris". Y ha salido esto. Ruego me perdonéis, que la "literatura" no es lo mío.

La información, de la Wikipedia, al igual que las fotos. La estatua de Osiris está en el Museo del Cairo. La fotografía del Juicio, con Anubis en un primer plano, es del Papiro de Ani, la versión más conocida y amplia que existe de "El Libro de los Muertos", que está en el Museo Británico. La imagen de Ammit es de un papiro que se encuentra en el Instituto Oriental de Chicago. La primera momia es una momia egipcia que está en el Museo del Louvre en París, y la segunda, también egipcia, se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles. Son todas de Wikimedia Commons.



miércoles, 10 de octubre de 2007

Cuando no existe la razón

Hipatia nació en Alejandría. Podría intentar recrear la vida de esta mujer, añadirle algo de literatura, hacerla hermosa. Pero no sé, ni tengo ánimos.

Hipatia nació en Alejandría. ¿Recordáis la famosa Biblioteca de Alejandría? Habréis oído hablar de ella. Creada en el siglo III antes de Cristo, llegó a albergar 700.000 volúmenes y tomos. Los volúmenes eran rollos de papiro o de pergamino y los tomos eran hojas cortadas. 700.000 "libros" en la época donde se tenía de hacer a mano, ya me parecen libros. Sin extenderme demasiado, se dice siempre que todo el saber estaba allí. Nunca imaginaremos hasta qué punto.

Hipatia nació en el 370 después de Cristo, otras fuentes indican el 355 después de Cristo. Hipatia era directora de la Academia de la Biblioteca de Alejandría. La Biblioteca, además de guardar libros, tenía salas donde los sabios (léase Arquímedes, Euclides, Galeno, Apolonio de Pérgamo) estudiaban, criticaban y corregían obras.

Sin embargo, en la época que nos ocupa, la Biblioteca de Alejandría (englobando todos los edificios y libros, continente y contenido) había sufrido incendios, saqueos y terremotos. Ya no era lo que había sido, aunque sí heredera de todo aquello.

Hipatia nació en Alejandría. Era directora de la Academia de la Biblioteca. Era matemática y astrónoma, investigadora, conocedora de la historia de las religiones, estudiosa de filósofos y pedagoga. Viajera con el impulso de aprender. Le gustaba la mecánica e inventó un aparato para destilar agua, un hidrómetro para medir la densidad de los líquidos y un artefacto para medir el nivel del agua. Dejó escritos libros sobre enseñanza que no llegaron a nosotros.

Hipatia, pagana y mujer, nació en Alejandría, cristiana.

En el año 412, Cirilo fue nombrado patriarca de Alejandría (luego elevado a los altares como San Cirilo de Alejandría). No consentía paganismo ni herejía. Odiaba a Hipatia por lo que representaba. Una mujer con tal conocimiento que su fama abarcaba todo el mundo conocido, de donde llegaban alumnos de todas partes. Una mujer con conocimiento de cosas que Cirilo jamás comprendería. Paganismo y herejía para él. Bruja y hechicera para él.

En el año 415, un grupo de monjes de la iglesia de San Cirilo de Jerusalén (no confundir con el patriarca, Cirilo de Alejandría), fueron a buscar a Hipatia, la golpearon, la desnudaron y la arrastraron por la ciudad hasta un templo, donde le cortaron la piel y la carne con conchas afiladas hasta que murió, luego la descuartizaron y la quemaron.

Con semejante "lección", el estudio de las Ciencias, la Historia, las Matemáticas... (poned en esos puntos suspensivos la rama del saber que se os ocurra), decayó en todo el Imperio. Con la muerte de Hipatia de Alejandría, murió la enseñanza neoplatónica y fue el fin de la filosofía.Detalle del cuadro La escuela de Atenas, de Raffaello Sanzio (1509).

Detalle del cuadro La escuela de Atenas de Raffaello Sanzio (1509). En primer plano, Pitágoras escribiendo. En segundo plano, de pie, mirando directamente hacia nosotros, Hipatia. Tal vez este cuadro hubiera podido ser una instantánea de cuando Hipatia viajó a Atenas.



Fuentes: Este post es un buen ejemplo de "saltando, saltando". Mirando hace tiempo la historia de la Biblioteca de Alejandría, me encontré a Hipatia. Luego, parece que todo confluye hacia ella: oyes un programa de radio (Tolerancia Cero) que hablan sobre mujeres de ciencia no reconocidas y olvidadas y vuelves a oír su nombre.


lunes, 9 de julio de 2007

La conquista del cielo

Algunas veces, muy raramente, los arqueólogos y paleontólogos encuentran en sus excavaciones "cosas" que les resulta muy difícil explicar, debido a que son objetos, artefactos que no parecen encuadrados dentro de su época.

Son los "oopart" (Out Of Place ARTefact: 'artefacto fuera de lugar').

Escapando del sensacionalismo pseudocientfíco que se pueda derivar, la mayoría de los objetos considerados oopart parecen ser falsos. Entre los oopart más conocidos se encuentran:

- Las piedras de Ica, grabadas con imágenes de dinosaurios y humanos. Al no tener materia orgánica, no pueden datarse por el carbono 14. Aunque la edad de las piedras y la antigüedad de la talla no concuerdan.

- Los cráneos de cristal. Existen 13 cráneos "auténticos". Son tallas de cristal de cráneos humanos. El más famoso es de Mitchell-Hedges, supuestamente encontrado en Centroamérica, aunque parece que fue adquirido en una subasta en Sotheby's. Su dueño afirmaba que tiene 3.600 años y que fue hecho en la Atlántida.

En otro orden, podemos encontrar:

- Las esferas metálicas de Klerksdorp. En este caso no hay duda alguna con respecto a su origen, encontradas por mineros en estratos del Precámbrico (2.800 millones de años). Lo curioso es que son bolas de pirita que parecen demasiado perfectas, con lo que algunos aventuran que pudieron ser "hechas" por extraterrestres.

Opinión personal: como siempre, lo más sencillo suele ser lo verdadero y no hay por qué desprestigiar el poder de la Naturaleza. Con ese intervalo de tiempo ha hecho suficientes maravillas ya. No le quitemos mérito. Aquí termina opinión personal.

Y también existe lo siguiente:

foto Wikipedia

- El tarro de Dorchester, encontrado en 1851 en una roca sedimentaria que data de unos 100.000 años. El tarro es otra historia porque es una talla hecha a mano por alguien que sabía lo que se hacía, un orfebre. Lo insólito es dónde se ha encontrado. Una roca sedimentaria se forma a lo largo de miles de años (100.000 en este caso) con los sedimentos (valga la redundancia) de la erosión (del viento, de una corriente de agua) y luego, por presión, calor, se transforman esos sedimentos en una roca consistente, sólida. Y el tarro fue encontrado "dentro". Es decir, que los estudios que se hicieron no pueden explicar cómo narices llegó ese tarro ahí dentro. Éste, en principio, sería un genuino oopart. El tarro desapareció después de estar en varios museos.

foto Wikipedia- El mecanismo de Antiquitera, descubierto entre los restos de un naufragio que se dató en principio en el 89 a. de C. Es el primer aparato con engranajes del que se tiene noticia y servía para seguir los movimientos de los cuerpos celestes. Sólo se han encontrado unos trozos y se cree que era mucho más grande. Con lo que hay, reproduce los movimientos exactos de la Luna y el Sol y de Mercurio y Venus. No se tiene ni noticia física ni constancia documental de otro aparato semejante en esa época ni en épocas posteriores cercanas. Aparecen los extremos del mundo navegable conocido, Ispania en el occidente y Pharos en el sur.

foto Wikipedia

- La batería de Bagdad, se descubrió en 1938 y se data antes del 226 a. de C. Un jarrón de arcilla color amarillo claro de 13 cm de altura y 4 cm de diámetro; dentro un cilindro de cobre de 9 cm de alto por 2'6 cm de diámetro, fijado con asfalto; y dentro del cilindro una vara de hierro que sobresalía 1 cm y parecía haber estado cubierta de plomo. Se investigó el jarrón, probaron a echar un electrolito dentro (algún líquido que conduzca la electricidad) y, ¿adivináis? Daba electricidad. Los escépticos dicen que era simplemente una vasija para guardar documentos. El arqueólogo que estaba a cargo del Laboratorio del Museo Estatal de Bagdad, el alemán Wilhelm König, defendió la postura que servía para galvanizar objetos de plata. La cuestión es que no se encontró ningún resto de un posible electrolito dentro de la vasija, ni alambre necesario para hacer funcional la pila, ni ningún objeto galvanizado de la época y la batería no daba la potencia suficiente para hacerlo.

Opinión personal: Demasiada molestia para guardar documentos. La vasija vale sola. Y si no se había utilizado, tal vez era un experimento a medias. Se encontró en una tumba, y habitualmente, enterraban a los muertos con objetos suyos, personales, cosas de uso que puedes utilizar en el más allá o cosas bellas para tenerlas consigo. También se me ocurre otra posibilidad. Si la hicieron funcionar aunque fuera a baja intensidad y era capaz de atraer virutas de hierro, era un truco de magia estupendo. Aquí terminan imaginación y opinión personal.

Por cierto, esa batería "desapareció" durante la invasión de Irak de 2003, como otras muchas cosas. ¡Qué despiste!

- El planeador de Saqqara, mi favorito, una pequeña talla de madera hallada en una tumba egipcia. Con forma de aeroplano. Datado en el 200 a. de C.

Los escépticos dicen que puede ser la peana de una vela. Si le echo imaginación al asunto, la parte plana de la derecha (la cola del aeroplano) podría meterse en la pared y sobre el otro travesaño (las alas) sujetar ahí las velas o poner encima algún candelabro o lámpara de aceite. Concedo. Es posible.

Opinión personal: Lo que no concedo es que tenga forma de aeroplano. Tal vez esté equivocada, pero creo que en el antiguo Egipto ya existían pájaros, sí, esos animalitos con alas que vuelan, que algunos se llaman palomas, otros águilas, quebrantahuesos, golondrinas, gansos, patos, jilgueros... y creo que hay más (¿no tenían un halcón y un ibis como dioses?). Lo siento, pero no creo que los pájaros se parezcan a los planeadores, sino que son los planeadores los que imitan la forma de los pájaros. No pretendamos ver la forma de un planeador actual en, tal vez, el juguete de infancia de alguien muerto hace miles de años. Tal vez es, tan sólo, el deseo de volar, un pequeño paso, pero necesario, para la conquista del cielo. Eso sí que no me cuesta nada imaginarlo. Fin de opinión personal. ¡Ah! Opinión personal anterior con leves pinceladas de ironía.



Fuentes: la Wikipedia, aunque tenía noticias de algunos de los objetos por libros y televisión.


martes, 12 de junio de 2007

Tengo la clave del Saber

¿Queréis el Saber? ¿Queréis tener dentro de vuestra cabeza la condensación de todo el conocimiento humano, que os dará la clave de todo lo que existe? ¿Queréis conocer el último escalón que os llevará a la perfección absoluta, dándoos el poder de transformar lo que queráis a vuestro antojo, en tan sólo unas pocas frases?

Antes que nada, comentaros que el documento es conocido de antiguo, aunque el primer registro que ha llegado hasta nuestros días data de la Edad Media.

En él se cuenta que está escrito por Hermes Trimegisto (no confundir con Hermes a secas). Hermes, el mensajero y traductor de los dioses, y Trimegisto, el tres veces grande, que llevó la escritura a Egipto, que le llamaron Thot, dios de la sabiduría, de la música y escriba de los dioses egipcios.

Hermes Trimegisto, de quien surge la tradición alquímica y el Saber Hermético, intermediario entre lo divino y lo humano.

Y aquí está el documento, llamado "Tabla de Esmeralda":

La traducción:

Lo que digo no es ficticio, sino digno de crédito y cierto.

Lo que está más abajo es como lo que está arriba, y lo que está arriba es como lo que está abajo. Actúan para cumplir los prodigios del Uno.

Como todas las cosas fueron creadas por la Palabra del Ser, así todas las cosas fueron creadas a imagen del Uno.

Su padre es el Sol y su madre la Luna. El Viento lo lleva en su vientre. Su nodriza es la Tierra.

Es el padre de la Perfección en el mundo entero.

Su poder es fuerte si se transforma en Tierra.

Separa la Tierra del Fuego, lo sutil de lo burdo, pero sé prudente y circunspecto cuando lo hagas.

Usa tu mente por completo y sube de la Tierra al Cielo, y, luego, nuevamente desciende a la Tierra y combina los poderes de lo que está arriba y lo que está abajo. Así ganarás gloria en el mundo entero, y la oscuridad saldrá de ti de una vez.

Esto tiene más virtud que la Virtud misma, porque controla todas las cosas sutiles y penetra en todas las cosas sólidas.

Éste es el modo en que el mundo fue creado.

Éste es el origen de los prodigios que se hallan aquí [¿o, que se han llevado a cabo?].

Esto es por lo que soy llamado Hermes Trismegisto, porque poseo las tres partes de la filosofía cósmica.

Lo que tuve que decir sobre el funcionamiento del Sol ha concluido.



Lo que no os he dicho es que no es comprensible para los no iniciados en alquimia. Su lectura sólo revela su significado a los que han llegado a una transmutación personal que le permita acceder al lenguaje simbólico que utiliza.

La Alquimia es la precursora de nuestra Química actual, con lo que supongo que algo de sentido tendrá para alguien.

Aquí os dejo un enlace donde dan una explicación al texto hermético (y nunca mejor dicho).


Fuentes: la Wikipedia.


miércoles, 4 de abril de 2007

"La primera entre las damas nobles que abraza a Amón"

Ésa es la traducción del nombre Hatshepsut-Jenemetamón, reina-faraón de la dinastía XVIII de Egipto, que reinó alrededor de 1479 a. C. hasta aproximadamente el 1457 a. C.

En el idioma del antiguo Egipto, faraón significa "Casa Grande", con lo que no tiene femenino en esa lengua.

Ante la muerte de sus hermanos varones, su padre, Tutmosis I la nombró heredera. Aunque, por una conjura palaciega, al final subió al trono su medio-hermano, que reinó bajo el nombre de Tutmosis II, nacido de una esposa secundaria. Hatshepsut tuvo que convertirse en la gran esposa real. Con este matrimonio, Tutmosis II validaba su derecho a convertirse en faraón. Pero murió pronto y su posible sucesor, un hijo con una concubina (Tutmosis III), era demasiado pequeño. Así, Hatshepsut asumió la regencia. Con el poder en su mano, se deshizo de los que se interponían en su camino hacia el trono y se proclamó faraón. Razón para esto no le faltaba porque era ella a la que hubiese correspondido reinar desde el principio, siendo nieta e hija de faraones, gran esposa real y esposa del dios. Además, tanto los sacerdotes como el pueblo asumió tranquilamente este cambio, que si hubiera sido ilegítimo jamás lo hubieran aceptado.

El reinado de Hatshepsut-Jenemetamón fue pacífico, sólo con pequeñas campañas militares para afianzar las fronteras del imperio y disuadir a los enemigos. Se dedicó, sobre todo, a restaurar los templos, que habían sido destruidos por los hicsos en tiempos de su abuelo Amenhotep I, y a construir nuevos edificios y obeliscos. Una de las más bellas construcciones, situado en Deir el-Bahari, fue su templo funerario, conocido como Dyeser-Dyeseru (el sublime de los sublimes), esculpido en piedra, con rampas y terrazas.

Otro hecho relevante de su reinado fue la expedición al país de Punt (al parecer, situado en la orilla del Océano Índico), de donde trajo mirra, incienso, oro, marfil, ébano y más riquezas que engrosaron las arcas reales y de los templos.

A partir del decimoquinto o decimosexto año de reinado de Hatshepsut, Tutmosis III empezó a hacerse más con el poder, desplazando a su tía-madrastra. En esa época, la reina-faraón fue duramente golpeada por las muertes de su visir y sacerdote, Hapuseneb, y de su arquitecto, canciller y, al parecer amante, Senenmut. También, poco tiempo después, murió su hija Neferura, a la que había nombrado heredera al trono. Con todo esto, la reina se derrumbó, cosa que aprovechó Tutmosis III. Estas muertes tan repentinas y favorables al aspirante hacen levantar sospechas entre los estudiosos del tema.

Hatshepsut se desvinculó del poder, muriendo (no se saben las causas) en el año 22 de su reinado. Al parecer, fue enterrada por expresa voluntad junto a su padre, Tutmosis II, aunque se han encontrado varias momias en diferentes tumbas que podrían corresponder con la reina-faraón. Es conveniente señalar que el templo funerario era para proteger y mantener la memoria del difunto y se les enterraba en otro sitio, algo distante, según la costumbre de la época. El templo funerario fue construido por el arquitecto real Senenmut, en el que aparece en pinturas con actitud cariñosa hacia la reina. Podría ser que la construcción fuera un homenaje a su amor, al no poder ser enterrados juntos, porque él no era noble.

Para los antiguos egipcios, escribir su nombre era perpetuar su alma en el inframundo. Tutmosis III, durante su reinado, se preocupó en borrar sistemáticamente el nombre de su tía y su amante de todas las estelas y los anales, e hizo suyo el bello templo de Deir el-Bahari, condenando así a los dos a la muerte y el olvido eternos, aunque no lo consiguió del todo y, por eso, ha llegado la historia hasta nuestros días.

De la gran reina-faraón Hatshepsut-Jenemetamón sólo se ha encontrado, sin ningún género de dudas, su hígado momificado. Su momia aún no se ha encontrado con certeza.


Fuentes: Un reportaje visto hace ya tiempo y la Wikipedia, ya enlazada en el texto.

Actualización (2008): Ya se ha identificado sin dudas la momia de Hatshepsut. Para esta información, consultar con la Wikipedia.