lunes, 9 de abril de 2007

Seguimos con griegos "ilustres"

Hace algunas semanas, estuve hablando del "amigo" Eróstrato, conocido mundialmente por su afición a hacer fuego donde no debía (ver artículo). Hoy quiero hacer también un recordatorio a otro "ilustre" griego que "se cubrió de gloria".


Se ha puesto de moda la Batalla de las Termópilas con motivo del estreno de la película "300", basada en una novela gráfica de Frank Miller. Según he leído por ahí, no tienen muy en cuenta la historia ni el cómic ni la película. Bueno, los hechos (muy resumidos) son los siguientes:


Siglo V a. C. Los griegos, con su afán expansionista, crean colonias en Asia Menor, que están bajo el dominio del Imperio persa, que les da gran autonomía. Pero los colonos no quieren depender ni de los persas ni de nadie, se sublevan y les hacen la guerra a los persas. Pero, claro, unas cuantas colonias no tienen los suficientes hombres para plantar cara a todo un imperio y piden ayuda a las ciudades madres, es decir, las polis de Grecia. Los atenienses se apuntan a la lucha y ya tenemos el lío.


El emperador persa, a la sazón Jerjes I, se toma en serio el tema y decide aplastar a las colonias griegas en su territorio y, de paso, invadir Grecia para no volver a tener el problema. Ya que se pone, hay que hacerlo a lo grande. La primera batalla, la de Maratón, se saldó con el resultado de la victoria de los atenienses y fracaso para los persas.


Jerjes I echó los restos para la siguiente: la Batalla de las Termópilas. Pero había un pequeño problema. Su ejército de 250.000 efectivos (para la época una barbaridad), tenía que pasar por el estrecho de las Termópilas, un desfiladero de 12 metros de ancho, custodiado por una pequeña fuerza de 300 espartanos, sus correspondientes sirvientes (600), 500 soldados de Tegea, otros 500 de Mantinea, 120 de Orcómeno y 1.000 hoplitas del resto de Arcadia (en la película se "comen" a unas 2.720 personas, aunque hay que reseñar que los espartanos eran los únicos soldados profesionales y estaban al mando del exiguo ejército). Es decir, que tenían los persas todas las papeletas para morir como cucarachas, exactamente, como 250.000 cucarachas. Hasta que les vino Efialtes a ver.


El "bueno" de Efialtes de Tesalia, griego él, les "indicó" a los persas una ruta alternativa, por la que atacaron a los defensores griegos del desfiladero por dos flancos y acabaron con todos ellos, los 300 espartanos y 700 hoplitas de Tespias (ciudad de Beocia), que constituían el grueso del ejército, además de sirvientes (hubo griegos que, viendo que el asunto se ponía feo, huyeron). En lenguaje común, Efialtes fue un traidor que vendió a sus compatriotas y a su país por una supuesta recompensa que nunca cobró.


Aún así, aún perdiendo, se calcula que la pequeña fuerza griega mató a unos 20.000 hombres, muchos de ellos eran Inmortales, la fuerza de élite del ejército persa.


Desde entonces, el nombre Efialtes ha servido para designar a traidores y chivatos.


Fuentes: La historia de Efialtes, al igual que la de Eróstrato, la descubrí a través de un cuento de Chéjov titulado "El gordo y el flaco" y consultando enciclopedia. Para el artículo que habéis leído, la inestimable colaboración de la Wikipedia. El relato de la batalla es muy pobre en comparación con lo que fue, así que os recomiendo consultar la Wikipedia o cualquier enciclopedia. Es una buena lectura para una tarde de lluvia (o de sol, da igual).

2 comentarios:

Miñán dijo...

Querida Chief, la historia nos ha enseñado que en raras ocasiones las cosas son de una sola manera o sólo una perspectiva sobre personas o acontecimientos es la correcta. Antes de llamar traidor o chivato y condenar a EFIALTES convendría reparar en otras consideraciones. Efialtes, entre otras cosas, introdujo modificaciones e innovaciones en la democracia radical ateniense de enorme influencia en la historia y que difícilmente pueden considerarse como obra de un traidor. Como bien sabemos, sólo una pequeña parte de la población podía intervenir en los asuntos de la polis, es decir, los hombres, es decir, los hombres libres, es decir, los hombres libres ricos. Esto no incluye a las mujeres, pero esto no era culpa de Efialtes. A lo que me refiero es que a los ciudadanos sin posibles no les era posible intervenir en política debido a que no eran libres ¿POr qué no lo eran si eran ciudadanos? La libertad en sentido republicano es un concepto realmente complejo y duro; más allá de una consideracion psicológica o moral de la libertad como una especie de atributo humano esencial y gratuito, Aristóteles creía que un hombre era libre sólo si tenía sus necesidades materiales cubiertas. Efialtes, como buen republicano, introdujo una especie de sueldo para ese tipo de ciudadanos por intervenir en los asuntos de la ciudad con lo que garantizaba la igualdad y la propia esencia de la democracia republicana que se tilda de radical (rádix, raíz)porque se trataba de una forma de gobierno en la que cualquiera era candidato. En resumen, no todo el monte es orégano, o dicho de otro modo y en el sentido correcto, no todo Efialtes era mierda y corrupción.
Esta crítica no tiene más intención que divertirnos un rato porque de eso se trata ¿No?
Querida amiga, un beso enorme sigue con este diario tan interesante.
Miñán

Bloggesa dijo...

Querido amigo, no te falta razón en lo que dices. Pero, lo siento, una puntualización. Éste Efialtes no es Efialtes de Atenas, sino Efialtes de Tesalia. El de Tesalia, del que trata el artículo, es un pastor que no tiene que ver con la política. Efialtes de Atenas sí que fue el político y líder del movimiento democrático radial ateniense, compañero de Pericles. Pero de él no hablo.
Cariño, ya sabes cómo soy de puntillosa.
Un besazo por tu visita. Cuando te pones en plan profe, aprendo un montón.